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En el origen, todas las semillas del mundo estaban en un hueco en la tierra de los wakuénai. El Creador Iñapirrikuli fue sacando de él a todos los seres, y también a los indios y a los blancos. A los indios les enseñó los libros, y les preguntó si los querían. Contestaron que no. Luego les enseñó las flechas, los arcos, las canoas y las cerbatanas, y enseguida dijeron que sí. Cuando sacó a los blancos les enseñó los libros, y ellos dijeron que sí. Fue así sacando a todos los seres y preguntándoles lo que querían. A los animales les dio sus colores y sus cantos, y así creó el mundo.




wakuenay

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Wakuénai significa gente que habla wakú, lengua que pertenece al tronco lingüístico arahuaco. Su territorio tribal comprende las regiones amazónicas de Venezuela, Colombia y Brasil. En territorio venezolano, se concentran en el distrito Casiquiare del Estado Amazonas, sobre todo en las riberas de los ríos Atabapo, Guainía y Orinoco.

Los wakuénai han perdido muchos de sus oficios tradicionales. Antes vivían en grandes casas comunales, y hoy en casas unifamiliares al estilo criollo. Su organización social y la división del trabajo por género se ha modificado con la introducción de nuevas necesidades económicas y nuevos modos de subsistencia. En el pasado, la cestería era una artesanía practicada exclusivamente por los hombres. La demanda comercial de los criollos ha hecho que las mujeres se incorporen al oficio, y ahora producen una cestería ornamental y comercial innovadora que ha ampliado las formas y técnicas tradicionales.

Como otras etnias de la región, los wakuénai practicaban una economía basada en la agricultura de tala y quema. El cultivo se iniciaba en el breve período de sequía entre septiembre y octubre, cuando los ríos comienzan a bajar. En esa temporada, conocida como makwapidania, los hombres seleccionaban y limpiaban los nuevos conucos según el calendario mítico de Káali, creador de la yuca, que señalaba el momento propicio y eficaz para iniciar las labores.

Cuando el pequeño sapo Molitú, hijo mítico de Káali, comenzaba a cantar, su croar señalaba a los wakuénai el momento de talar, plantar y limpiar los conucos.Si el cultivo no se hacía en armonía con las leyes naturales de Káali, las tareas se volvían difíciles y poco productivas.

La pesca sigue siendo una actividad importante y fundamentalmente masculina. Las cerbatanas, arcos, flechas y lanzas que se fabricaban para esa tarea fueron poco a poco sustituidas por anzuelos metálicos, hilos de nylon, escopetas y municiones compradas a los criollos.

Todavía usan el cacure, trampa hecha de bejucos atados con cordones de fibras naturales que colocan a la orilla de ríos y caños. Para pescar a gran escala, combinan el cacure con el barbasco, sustancia que adormece a los peces. Los excedentes de la pesca son salados o ahumados, y se intercambian o se venden en el comercio local.

La caza suele ser una actividad masculina individual que requiere astucia, silencio y control muscular. El cazador escondido en el follaje trata de imitar el sonido del animal que desea atraer, mientras espera pacientemente, inmóvil, resistiendo la inclemencia del clima, la picadura y el zumbido de los insectos.

A las mujeres corresponde procesar los alimentos. También deben cargar, pelar, rallar y prensar la yuca amarga, recolectar madera para el fogón, encender el fuego y tostar, sobre enormes budares, las tortas de yuca conocidas como casabe.

Hoy en día, la recolección y venta del chiquichique ha reemplazado a la agricultura como principal modo de subsistencia wakuénai. Para recolectar las fibras que crecen a orillas de algunos ríos como el Inírida y el Guainía, se organizan expediciones que duran varios meses.

En ellas todos los miembros de la familia, o por lo menos los hombres, levantan campamentos cerca de los ríos. Recolectar fibras es un trabajo sencillo pero exige continuidad. En ocasiones impide el cultivo de la tierra, pues para hacer rentable esta actividad es necesario acumular toneladas de material. Para el trabajo de "chiquichiquero" es imprescindible tener una curiara grande y un motor fuera de borda.

Además de la recolección del chiquichique, los wakuénai también sobreviven fabricando y vendiendo cestas, sebucanes, esteras y sombreros al estilo criollo. Con fibra de chiquichique, tejen hermosas escobas que se usan para esparcir la harina de yuca amarga sobre el budare cuando se hace el mañoco o el casabe.

Antiguamente, el principal ciclo ceremonial wakuénai era el pudáli. Se celebraba al principio de las lluvias y marcaba el inicio de las actividades de subsistencia. También abría un espacio simbólico para la resolución de conflictos entre familiares.

Al inicio de la ceremonia un grupo de parientes visitaba a otro para ofrecerle un regalo ritual, pescado ahumado. El organizador del pudáli acudía al pueblo anfitrión acompañado por toda su familia, además de músicos, cantantes y bailarines. Al anochecer, tras largos discursos alabando el regalo de pescado ahumado, este era aceptado y colocado en la casa del anfitrión para repartirlo a la mañana siguiente.

Durante la noche se bebían grandes cantidades de una bebida de yuca fermentada llamada padzáoru. Mientras sonaban las trompetas kulírrima, la luz de una fogata central esparcía destellos y las parejas ejecutaban la danza ritual, que podía durar cuatro días con sus noches.

Para la clausura del pudáli, unas semanas después, se preparaban grandes cantidades de pulpa de yuca para los invitados. En esta ceremonia, se celebraban los mismos ritos de la ceremonia inicial —bailes alrededor de la comida y la bebida, danzas alrededor de la fogata durante varias noches, toque de instrumentos sagrados y distribución de comida—, pero esa vez los discursos y la aceptación de las ofrendas los hacían la mujer organizadora del pudáli y la anfitriona.

Hoy en día sólo unos pocos ancianos recuerdan con nostalgia estas ceremonias. Sin embargo, los wakuénai junto con los baniwa y warekena, otros grupos de ascendencia arahuaca con quienes comparten faenas de trabajo, celebran en el bajo Guainía un rito colectivo de música y danza, llamado madzéru, que revive las antiguas tradiciones como parte de un proceso de consolidación cultural y de adaptación a las circunstancias históricas.





Referencias

L. Domínguez, "Etnología de los Curripaco: una visión general", Revista Montalbán, Universidad Católica Andrés Bello Caracas, 1986.

Jonathan D. Hill, Wakuénai Society, Indiana University Press,1983.

Jonathan D. Hill, "Wakuénai Ceremonial Exchange in the Venezuelan Northwest Amazon", Journal of Latin American Lore 13, 1987, pp. 183 - 224.